El Heredero de la Luz

El Heredero de la Luz

Un regalo, pero también un escudo.

El sol se ocultaba en el horizonte, tiñendo el cielo de un dorado intenso, cuando el joven rey Aric se acercó a la biblioteca real. A sus diecinueve años, había asumido el trono de Arindor tras la muerte de su padre, un rey justo y querido por su pueblo. Sin embargo, el peso de la corona le resultaba abrumador. La presión de los nobles, las tensiones con los reinos vecinos y la inminente guerra lo mantenían despierto por las noches.

Mientras hojeaba un viejo libro en busca de respuestas, una carta caída al suelo llamó su atención. El sello, una imagen de una diosa con alas extendidas, lo hizo detenerse. Temblando de curiosidad, rompió el sello y comenzó a leer.

La Revelación

La carta era de su madre, la reina Elenara, quien había muerto cuando él era apenas un niño. Las palabras, escritas con una caligrafía delicada, revelaban secretos que cambiarían su vida para siempre:

“Aric, si estás leyendo esto, es porque las sombras de nuestro linaje han comenzado a perseguirnos. Soy más que tu madre; fui una diosa exiliada, y la luz que llevas en tu sangre es un regalo y una maldición. Cuida de nuestro reino, porque enemigos antiguos buscan reclamar lo que una vez fue suyo. La verdad de tu origen te hará fuerte, pero también te pondrá en peligro. Ten cuidado, hijo mío.”

Las palabras resonaron en su mente. ¿Diosa? ¿Exiliada? Las preguntas giraban en su cabeza como un torbellino. Elenara siempre había sido una madre cariñosa, pero nunca había insinuado nada sobre su pasado. ¿Cómo podía ser una diosa? El peso del descubrimiento lo abrumaba, y decidió buscar respuestas.

La Búsqueda

Esa misma noche, Aric se aventuró a las ruinas del templo que había sido dedicado a la diosa de la luz, Lumira, en las afueras de la ciudad. Se decía que aquellos que buscaban respuestas podrían encontrarlas en el corazón de la oscuridad. Mientras caminaba entre las sombras de los antiguos pilares, una sensación extraña lo invadió.

Al llegar al altar, encontró una pequeña esfera de cristal que brillaba con una luz interna. Con un susurro, la esfera se iluminó y proyectó imágenes de su madre en su juventud, rodeada de luz y seguidores, de un tiempo antes de su exilio. Aric sintió cómo el poder de la esfera lo atravesaba, revelándole visiones de su linaje y de la traición que había llevado a su madre a la tierra de los mortales.